Incongruencia Educativa

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La era industrial nos heredó, entre otras prácticas, la producción en serie como una forma de abaratar costos, acelerar la fabricación y agilizar los procesos así como los resultados. Lamentablemente esta misma práctica también se heredó a la educación.

Se “fabrican” médicos en serie, ingenieros en serie, maestros en serie y todo tipo de educandos en serie, para luego ser contratados en serie por empresas que los absorben como si de piezas de remplazo se tratara.

Pero si a eso le aunamos la incongruencia del proceso de “fabricación” de la educación, nos damos cuenta que el problema es aún mayor.

Nos encontramos con especialistas en administración financiera en banca rota, con maestros escolares que agreden los estudiantes, con médicos que solo saben recetar fármacos, con políticos presos, con asesores de bancos enjuiciados por deudas o fraudes, nutricionistas con severos problemas de obesidad y aun peor los profesionales de la educación y la salud, en donde son minoría los que tienen convicción de lo que predican.

Solo piense por un minuto en lo que puede instruirse en una clase para “ganar mucho dinero” dirigida por alguien que trabaja doble turno para poder ajustar sus ingresos; o lo que podría aprender un niño sobre literatura de un profesor que nunca ha leído un libro; y que tal un profesor de un idioma que nunca ha convivido con quienes lo hablan. ¿Acaso esa no es la triste realidad de la mayoría de profesionales egresados de la academia?

Pero eso sí, se gradúan en serie más no en serio. ¿Ha tomado un taxi conducido por un abogado, o recibió un curso de idioma de un Arquitecto? O ¿el profesor de historia de su hijo es en realidad un músico y el mecánico resultó ser un físico?

La educación se hereda

Cada día parece ser más evidente que la educación que recibimos va en el camino equivocado. Desde que nacemos, somos educados en un ambiente totalmente determinado por nuestros padres, los educadores y la sociedad que nos rodea. Todo junto determina la calidad de las personas, lo cual a su vez determina la clase de sociedad en la que vivimos y el tipo de profesionales que resultamos.

De tal manera que la educación es integral en la relación de cada persona y su sociedad. Si se “fabrican” individuos que son incongruentes, egocéntricos, agresivos, ambiciosos, codiciosos y competitivos, no se pueden organizar en una sociedad que sea pacífica, cooperativa y armoniosa. Se comportarán de acuerdo a sus bases sociedades. Así que no es posible el surgimiento de una transformación fundamental en una sociedad a menos que cada uno se transforme.

La educación congruente es por tanto el motor principal de la transformación social, ya que ella determina la clase de individuos que estamos “fabricando”. Gobiernos, legislaciones, y agencias encargadas de aplicar las leyes son únicamente organizaciones para controlar, pero no de transformarlos. Por tanto, el verdadero cambio social es la responsabilidad principal de la educación, no meramente la “fabricación” de personal entrenado.

Conclusión

Desde que nacemos y empezamos a crecer, nos enfrentamos con una sociedad de reproches e insatisfacción, de padres envueltos en dudas y una educación comercializada e incongruente repleta de conocimientos técnicos para formar nuestras aptitudes en un sentido meramente intelectual, dejando en el olvido nuestra parte puramente humana.

Se promueve que los estudiantes de cortísima edad se saturen de cargas académicas antes de que siquiera puedan saber controlar sus emociones. Se sigue educando con técnicas obsoletas, sugiriendo un tipo de comprensión unificada y obviando la inteligencia emocional de cada persona.

En la educación superior, se ofrece un menú pensado en masas, demanda y ganancias, más no en cultivar las inteligencias múltiples, lo que lleva al fracaso a la mayoría.

La familia, la escuela y los recursos socioculturales (bibliotecas, ludotecas, cines, etc.) se deben integrar. Los padres debemos asumir que somos los primeros responsables de la educación de nuestros hijos, antes de la escuela. Los hijos deben recibir el ejemplo en la lectura y la investigación. La sociedad debe exaltar los estudiantes como el patrimonio nacional. Reconocer y preparar los educadores más idóneos, que cuenten con cualidades de sensibilidad social, alta autoestima y valores saludables para que sean ellos quienes eduquen. Los gobiernos y padres deben contemplar el financiamiento óptimo de la educación como una inversión. No fomentar la competencia ni la comparación entre estudiantes jóvenes, a los que si se les debe permitir ante todo construir emociones sólidas.

La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos. Voluntad es todo lo que se requiere.

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1 Comment

  1. Justo lo que estabamos hablando… la importancia de ser congruentes con nuestros actos, con todo nuestro ser integralmente..!
    Excelente el articulo, me encanto..!

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