¿Lotería o Ahorro?

Fui al banco a realizar un depósito y mientras esperaba mi turno, una señora muy elegante me mostró con mucho orgullo una impresión donde su solicitud de jubilación había sido aprobada. «De hoy en tres meses me pensiono» – me dijo. La felicité y seguidamente me habló de sus números de la suerte: «Yo envié la carta un diecisiete y me la devolvieron un siete; mi último día de trabajo es el treinta del mismo mes que mi hija cumple treinta y mi nieta siete.» – me explicaba mientras abría su cartera para mostrarme unos billetes de lotería. La escuché por unos diez minutos hasta que cada uno fue atendido por el servicio del banco. Doña Margot me contó que siempre había sido educadora y que si ganaba la lotería podía irse a vivir con su hermana quien vivía en el extranjero. «Ese ha sido siempre mi sueño y aun no me ha tocado la suerte, pero no pierdo la fe» – me confesaba con absoluta convicción mientras sostenía los billetes escogidos y rogaba por ser la ganadora para poder irse a vivir con su hermana.

Aunque jugar productos de lotería es una práctica culturalmente aceptada y además muy difundida, la probabilidad de tener éxito por esta vía es inmensamente remota. Doña Margot ha comprado lotería desde que empezó a trabajar y recuerda haber invertido un promedio de $7.5 (equivalente a la moneda local) todas las semanas durante al menos veinticinco años. A solo tres meses de su jubilación apuesta a un extremo de fe en la suerte para poder cumplir su sueño de irse a vivir con su hermana, pues con el dinero de retiro únicamente podrá ir pagando sus deudas.

No deseo juzgar a quienes lo hacen, pero esta es una forma ingenua de botar el dinero y frustrar los sueños. Ella no me estaba pidiendo consejo, pero si usted se siente identificado con este escenario, yo propongo cambiar el hábito de confiar en el azar por una inversión la cual no está basada en la suerte, sino en el ahorro. Usando el ejemplo de Doña Margot, si usted gasta $7.5 por semana en lotería, mejor inviértalo en un ahorro a largo plazo a un doce por cierto promedio anual y al cabo de veinticinco años tendrías poco más de $56.000.

Si a usted le gustan los números, estos son los datos: Inicias con $0 de inversión, aportando $30 mensuales ($7.5 por semana), por veinticinco años a un doce por ciento de intereses anual promedio. En ese periodo habrás invertido $9.000 y habrás ganado $47.365 de intereses. Aquí no hay truco, todo es dinero que podrás disfrutar en verdad sin confiar en la suerte.

Entonces quizás usted se cuestione, ¿pero por qué hay gente que sale ganadora? Y ciertamente es así porque si no nadie la compraría, pero permítame darle un ejemplo de cómo funciona. Si usted compra un número de cien, la probabilidad de ganar es de un 1% o de 0.001% para lo cual el premio sería muy bajo con respecto a la inversión, porque hay muy pocos números. Por eso la lotería, el loto, o cualquiera de sus múltiples versiones y formas de jugarlo, lo hace más difícil de ganar para poder ofrecer premios más atractivos y a un mejor costo. Las combinaciones aumentan y la probabilidad de ganarlo también. En la lotería nacional estándar, la probabilidad de acertar es de 1 en casi tres millones o 0.0000036% y de 1 en 5 o 10 o 15 millones si existen mayores variables de juego lo cual se convierte en un buen negocio para la casa de juego, no para quienes lo juegan; pero no espero que se interese en las matemáticas detrás de las probabilidades

Lo cierto es que todos deseamos poder tener acceso al dinero para disfrutar y también para enfrentar las responsabilidades económicas. Sin embargo, muchas de estas intenciones se truncan por las deudas, tarjetas de crédito, préstamos y mucho otros factores que absorben buena parte de nuestros ingresos. Por ello estamos dispuestos a perder una cantidad de dinero pequeña casi con seguridad a cambio de la posibilidad, por pequeña que sea, de hacernos ricos. Pero, con una posibilidad de 1 a millones, lo más probable es que siempre va a perder el dinero y ni la fe, ni la esperanza van a cambiar su suerte. Si Doña Margot hubiese invertido el dinero que derrochó, hoy podría haber cumplido su sueño. Quizás convenga empezar hoy mismo el hábito del ahorro y dejar de botar nuestro dinero en el mercado improbable de la suerte.

Lo sueños no se conquistan con suerte, se conquistan con propósito, con disciplina; es cuestión de actitud.

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