El valor de la Masculinidad

por

El concepto de masculinidad ha sufrido modificaciones sustanciales en los últimos tiempos. Por masculinidad se entiende una serie de significados de orden social que son dinámicos y se van construyendo de acuerdo a las necesidades y también por la interacción de “unos con otros”. Existen componentes biológicos que pueden influir de alguna manera, pero esto es en muy pocos de los casos en donde la testosterona (hormona masculina) se encuentra elevada.

La virilidad ha estado en constantes cambios de acuerdo al contexto histórico, cultural, social, económico entre otros.

Los hombres tratan de demostrar constantemente su virilidad y masculinidad a través de actos que se alejen de lo femenino. Dicha demostración es constante durante todos los días y toda la vida. En ocasiones el indicador más evidente de virilidad es la agresividad o la violencia, ejerciendo esta con quien esté enfrente para ser catalogado como “macho” (viril), y con esto ha hecho que se creen una serie de actitudes y de perímetros delimitando lo masculino como diferencia de lo femenino y no con atributos propios y valiosos.

El aprendizaje social y cultural del ser masculino tiene como punto importante el tener bajo control todas las emociones y sentimientos hacia sí mismo, los demás y las situaciones en general por lo que desarrollan un espacio emocional más limitado y menos flexible que las mujeres, y llegan a confundir sus emociones con las expectativas que su grupo social tiene para con ellos. La masculinidad, como un estereotipo, va siempre unida a determinadas cualidades, sobre todo asociadas con la fuerza, la violencia, la agresividad y la idea de que es necesario estar probando y probándose continuamente que se “es macho”. De aquí que generalmente se aborde al hombre partiendo de dicho estereotipo, sin embargo, hay nuevos aportes a la investigación de los hombres desde la perspectiva de lo masculino, a partir de características positivas.

En nuestro mundo dinámico, se dice que el hombre está transformándose, modificándose y que actualmente no sólo se está en un momento de transición, sino en una verdadera crisis. Más aún, como lo dice K. Thompson: “la masculinidad no está en crisis, sino que la masculinidad podría no existir”. Estos modos de ser hombre y por lo tanto de masculinidades nos llevan a concluir que además del modelo predominante “hay tantas formas masculinas de fracasar como formas masculinas de tener éxito”.

El hecho de considerar o partir de que hay sólo una masculinidad en singular, nos impide generalmente darnos cuenta de la variedad y gran riqueza de la experiencia de la masculinidad. El hecho de juzgar que sólo hay una masculinidad y que ésta es la “correcta” nos dejaría a una gran cantidad de hombres, (por no decir a la mayoría) fuera de lo que se considera como “correcto”. Ya se ha visto, que juzgar al hombre o a la mujer desde esa forma distorsiona, nos lleva a formas de discriminación desde las más sutiles, hasta las más burdas y hasta grotescas que van en contra de los derechos humanos (de hombres y de mujeres).

Como es el caso de algunos centros de diversión y de otro tipo de establecimientos, en los cuales no se permite la entrada a las personas por no llenar ciertos requisitos (gente “buena” o gente “bonita”, no homosexuales, no indigentes, no uniformados, entre otras formas de franca y total discriminación).

El caer en ese tipo de absolutismo, también nos lleva a pensar que entonces habría que considerar que efectivamente sí hay “masculinidades” pero tratadas desde un punto de vista diferente, de lo que es correcto, “bueno” y de lo que es “malo”; por lo tanto para los grupos predominantes del poder habría sólo un tipo correcto y por lo tanto “bueno” de masculinidad; los otros, serían incorrectos y “malos”, siendo que en la sociedad se dan infinidad de modelos.

Sin embargo y a pesar de que estamos en una sociedad patriarcal y homo/lesbofóbica en que el amplio abanico de la masculinidad se ve reducido a sólo una opción pública (la correcta, o también llamada normal) y a otras clandestinas y/o privadas o solamente aceptadas por minorías o pequeños grupos cerrados, tornan muy difícil la elección consiente de pertenecer a un grupo cuyo referente no sea el “correcto” el “normal” o el “bueno”.

Así mismo, algunos hombres han desafiado a sus grupos familiares y sociales de referencia al asumir ciertas actividades que usualmente realiza la mujer, sobre todo en el ámbito de lo doméstico y en el cuidado de los hijos. Esto se observa en los jóvenes universitarios y otros pertenecientes a la clase media; sin embargo, si esto se hace público en su grupo familiar o en otros grupos sociales como en el trabajo, por ejemplo, hay un efecto de represión; entre su grupo de iguales, es más aceptado este tipo de masculinidad. De manera cotidiana los encuentros entre los hombres están trabajados por el poder, la competencia y el conflicto potencial; por supuesto no se excluye la capacidad para establecer relaciones de compañerismo, cooperación, lealtad y afectividad, pero estas ocurren en el marco de las relaciones de poder y significa sobreponerlas al juego del poder.

Desde la niñez uno aprende a darse a respetar, a responder a las agresiones y a defenderse tanto física como verbalmente; a demostrar invulnerabilidad, valor y control. Crecemos en un ambiente en el que se nos exige la afirmación constante de esos atributos de masculinidad. Las exigencias de lo masculino son muchas, existen variaciones en la forma de demostrarlo, que dependen de la clase social, religión, grupo de edad, condición física y mental y de los grupos de referencia, como los grupos de trabajo, instituciones educativas, vecindario y grupos de pares”. Algunos investigadores, hablan de una nueva masculinidad en que se busca lo “profundo masculino”; es decir, el hombre firme, más no duro, que acepte sus emociones, sentimientos y sufrimientos, que descubra esa riqueza emocional y esa intensidad espiritual que posee pero que no muestra, porque no se lo permite, por no corresponder al modelo masculino predominante.

Para finalizar, ¿qué es lo que pretenden los movimientos reivindicatorios de las masculinidades actualmente?

No se pretende luchar “contra” las mujeres o el feminismo, ya que no se les ve como movimientos antagónicos, sino como grupos coincidentes en cuando menos dos puntos básicos: el de ampliar los conceptos de democracia y de igualdad, y en el objetivo de tratar de “construir una explicación teórica que les permita transformar sus vidas” de una forma menos dolorosa y desde la práctica en lo cotidiano, para forjarse una nueva identidad, que como hombres les impida seguir siendo opresores.

A manera de reflexión: ¿A lado de un gran hombre, transita, vive, participa e interactúa una gran mujer?

Website Pin Facebook Twitter Myspace Friendfeed Technorati del.icio.us Digg Google StumbleUpon Premium Responsive

1 Comment

  1. De acuerdo Miguel, con las nuevas maculinidades y feminidades, las mujeres estamos llamadas a ser más autónomas e independientes, pero no necesariamente duras o agresivas, y los hombres están llamados a ser mas humanos, es decir mas sensibles y amorosos, en esa medida nos permitimos un mejor, Ser!

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*