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Irrespeto a la accesibilidad para los discapacitados

Son muchísimas las personas que deben enfrentarse a la desidia y a la indiferencia de la descortesía de quienes no respetan la condición de los discapacitados, personas mayores o mujeres embarazadas, y hacen uso indiscriminado de los lugares destinados para esta población.

Con tremendo descaro es demasiado común encontrarse con:

  • Choferes inescrupulosos que con tal de no caminar unos pocos pasos más, estacionan con total desfachatez, sus vehículos en espacios reservados para el uso de personas discapacitadas.
  • En los autobuses se pueden ver de pie a personas mayores, discapacitadas, mujeres con niños en brazos o embarazadas, dado que los espacios preferenciales están utilizados sin remordimiento alguno, por el primero que se lo encontró vacíos.
  • Ausencia de aceras o rampas aptas para una silla de ruedas o personas dependientes de un bastón para su movilidad.
  • Conductores del servicio público, que prefieren inventar escusas para no asistir o abordar personas, que por su condición, requieren algún servició especial adicional.

Entonces uno se pregunta si esto se debe a:

  • Carencia de espacios en los parqueos
  • Problemas de asientos faltantes en los autobuses
  • Dificultad en el diseño de rampas, ascensores y espacios accesibles
  • Pocos controles, falta de sanciones o carencia de leyes a infractores
  • Carencia de denuncias
  • Educación a los conductores, choferes y población en general

Y es muy fácil evitar la responsabilidad culpando a:

  • Los empresarios que no velan por el uso adecuado de los lugares preferenciales.
  • La pasividad de los choferes, quienes no velan por el cumplimiento de estas disposiciones.
  • La falta de cultura de los demás usuarios ante la indiferencia de sus choferes.
  • Mala aplicación en la regulación
  • Los carentes derechos de la población discapacitada

Y así podríamos buscar muchas escusas y culpar a cualquiera, incluyendo las personas que merecen un trato diferenciado, por su dificultad.

Pero la verdad absoluta tiene nombre. Se llama ignorancia.  Ciego no es el que no ve, sino el que no quiere ver. Tan ignorante es el que sabe leer y no lee, como el que no sabe leer. Saber no es suficiente, hay que actuar.

Todos pensamos que es asunto del “sentido común”, pero el sentido común es el más “común de los sentidos” y por consiguiente, el que permite justificaciones y escusas para no asumir las responsabilidades.

En la mayoría de países del mundo existe algún tipo de “Ley de Igualdad para las Personas con Discapacidad”, con el objetivo de brindar a la población discapacitada opciones reales de accesibilidad.

Todo mundo, en algún momento, ha realizado cursos, leído algún comunicado o siquiera escuchado sobre las disposiciones hacia estas regulaciones para los espacios preferenciales y su derecho de accesibilidad. Pero la cultura sigue siendo mediocre y aunque existen denuncias todos los días, el cumplimiento de las leyes sigue ausente.

Lo más preocupante de esta situación es que, a la permisibilidad, se le suma la falta de cultura o mucha ignorancia, quienes no tienen la iniciativa de respetar a los demás.

No podemos esperar que todos lo comprendan, pero dar un primer paso es tan sencillo como ser consciente del respeto a los demás. Sin duda alguna hay un gran compromiso en los entes reguladores y de ejecución, pero con o sin una ley vigente, es un principio de solidaridad y respeto.

Por consiguiente, el uso de estos espacios lejos de ser una preferencia, es en realidad un derecho y una obligación al acceso a las personas con discapacidad en igualdad de oportunidades. Nos corresponde a nosotros defenderlo.

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