Sinopsis: ¿Cómo pelear con tus seres queridos?

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Sinopsis de la conferencia: ¿Cómo pelear con tus seres queridos?
Autor: Carlos Cuauhtémoc Sánchez
Por: Miguel Arguedas

¿Por qué si existen programas de previsión social para enseñarnos como actuar en incidentes como un huracán, un temblor, un incendio, etc., nadie nos enseña la forma correcta de conducirnos ante eventos con nuestros seres queridos?

Así como existen reglas para salir ileso en un terremoto, incendio, huracán; también existen reglas para salir ileso de un desacuerdo y convertir una riña en algo edificante.

Por lo tanto, es fundamental entrenarnos en la forma más oportuna de resolver los conflictos que puedan acontecer en el núcleo de nuestra familia y por consiguiente, en nuestro entorno social.

A continuación mis comentarios sobre esta excelente conferencia.

¿Cómo discutir con tus seres queridos?

El autor inicia ofreciendo un ejemplo de una ruptura de la comunicación entre él y su esposa, a partir de un mal día para el, que se agrava al llegar a su casa.

Al segundo día de guardar silencio e ignorar a su esposa, esta le da una lección muy importante al recordarle que juntos y solos, los dos pueden encontrar una forma perfecta para una disculpa.

Aquí el autor propone 5 reglas para tratar de sobrellevar de una mejor manera las discusiones que inevitablemente se llevarán en el seno de cualquier familia.

Regla número 1: “Pelear a solas”

El autor ilustra como muchas personas tienen problemas serios con algún compañero de trabajo o familiar, pero nunca se dan el tiempo para conversar en privado, para poner las cartas sobre la mesa; estando a solas es mas fácil llegar a un acuerdo.

Cuando se trata un asunto en público, el ego crece, el orgullo se hincha, lo que se persigue ya no es la solución de un problema determinado, sino demostrar ante los espectadores quién es mas fuerte y dominante. Cuando hay público las personas se atacan con la única intención de ganar, más que de llegar a un acuerdo. No se dan cuenta, pero el problema que podía solucionarse fácilmente, se complica cuando terceros se involucran.

Si el problema es entre tú y yo lo arreglamos tú y yo. Queda prohibido hacer partícipes a otros o discutir en presencia de otros.

Regla número 2: “No encender la ira de terceros”

Esta segunda regla va de la mano con la anterior. Imagínese a dos personas que riñen a solas, pero aunque cumplen con la primera regla, luego se repliegan y van a quejarse respectivamente con personas ajenas al problema.

Por ejemplo, la esposa se desahoga sobre el problema con su mamá, con su amiga o con su hermana. El esposo se lo cuenta a un compañero o a sus padres, ¿Qué efecto tendría esto? Simplemente encender la ira de terceros, hacer que otros tomen partido y guarden rencores que por lo general nunca sanan.

Así es como se dañan las relaciones entre suegros, nueras, yernos o entre cuñados. (En el ejemplo del autor, el hombre dejó de hablarle a su esposa durante todo un día, pero aunque ella se sintió indignada no lo comunicó con nadie).

¿Qué hubiera pasado si antes de darle aquella gran lección; hubiera comunicado a su madre lo cruel que era su esposo? Seguramente se hubiese ofendido y preocupado.

Así que aunque se hubiesen reconciliado después, la relación entre este hombre y su suegra se hubiese visto afectada, pero ni la suegra, ni este hombre hubieran tenido la culpa; sino la esposa, que en este caso habría faltado a la segunda regla: Nunca encender la ira de terceros.

Al hacer esto, agravamos el problema, porque al poner al tanto a otro, lo incluimos como espectador, que no esté presente físicamente, estaríamos faltando también a la primera regla.

El testigo puede ser físico o mental, es decir estar ahí o no, pero de cualquier modo, el saber que está ahí pendiente del problema, nos motivará sin darnos cuenta a tratar de mantener cierta imagen y eso bloqueará la humildad indispensable para llegar a un acuerdo con quien estamos riñendo.

Algunos sicólogos aseguran que los tres principales factores que causan la desintegración conyugal son: el alcohol, la infidelidad, y la intervención de los familiares políticos.

Y no porque los familiares políticos sean mal intencionados; sino porque simplemente actúan como terceros.

Por más molesto que estés con quien acabes de reñir, no lo divulgues con otras personas.

Se necesita mucha madurez y entereza de carácter para no hacerse el mártir incomprendido cuando hay un problema y aplicar la regla 1: Pelear a solas y la regla 2: No encender la ira de terceros.

Regla número 3: “Discutir un solo tema a la vez”

El autor ofrece un excelente ejemplo de como se puede complicar al revolver temas en una discusión. ¿Cómo se soluciona una riña así? Simplemente no se puede, es demasiado complicada.

Una sola cosa a la vez. Al enfadarse, solamente se pondrá sobre la mesa el asunto que haya causado la emoción negativa.

Cuando no se sabe pelear, es muy común comenzar reclamando un tema A y terminar disputando un tema Z totalmente diferente, después de haber pasado por 27 incisos, todos ellos sin relación, unos hirientes, otros incoherentes, otros extremadamente añejos, pero todos esgrimidos para lesionar al contrincante y hacerlo sentir culpable de todo lo que pasa entre ellos.

Una discusión así, es un monstruo de mil cabezas que acabará matando a los dos.

Regla número 4: “Quemar la libreta de cuentas pendientes”

Se debe destruir  la libreta de cuentas pendientes por cobrar. Herramienta que utilizamos para manipular a los demás, artefacto que hemos esgrimido con la mano en alto llenos de fingida indignación para hacernos pasar por víctimas.

No hay nada que dañe más las relaciones humanas y agrave más las riñas que esa libretita de cuentas pendientes.

“Te acuerdas lo que me dijiste en este mismo pasillo, me faltaste al respeto, es algo que nunca voy a olvidar… ¿Cuando fue eso mi amor? Antes de casarnos ¿Qué ya se te olvidó? Tenemos 30 años de casados, sí pero se me quedó bien grabado en el alma, aunque pasen los años es algo que tendré en lo más hondo de mi ser y que lo siento; pero no voy a poder perdonar”.

¡Ya basta! No seamos ridículos ni payasos. Quememos esa tonta libretita de cuentas por cobrar y pongamos al día nuestro saldo. Lo que ya pasó, está muerto, ya pasó.

No juguemos a los arqueólogos, desenterrando cosas viejas. Al discutir jamás debemos traer a colación asuntos antiguos, desacuerdos antiguos.

Como en derecho, la cosa juzgada, está juzgada, el expediente no se puede, no se debe abrir, se acabó, se murió.

Infringir esta regla es como meter el dedo en heridas ya cicatrizadas y hacerlas sangrar nuevamente, es ridículo; porque las viejas heridas al abrirse nuevamente se pueden infectar y empeorar.

Está prohibido quedarse con cuentas pendientes. Si el motivo de la molestia es lo suficientemente grave, debe arreglarse cuando las cosas estén frescas, esa misma noche o al día siguiente; pero no más tarde.

Si algo no es lo suficientemente importante para discutirlo en el momento, deberás tolerarlo y olvidarlo para siempre.

Hay mucha sabiduría en la actitud de las personas que no hacen pleitos enormes por cualquier tontería. Es sabiduría porque disciernen, que obligar a cambiar a los demás en todo y por todo, es sumamente desgastante para la relación.

Las personas no somos iguales, tenemos derecho a ser diferentes.

En un matrimonio, si el asunto es importante, se debe hablar claro y en el momento; pero si no lo es, basta con decirle al compañero lo que nos molesta y dejar bien establecido que por el amor que le tenemos estamos dispuestos a tolerarlo, esa es la mejor estrategia para que la pareja cambie.

Recuerda: siempre que tengas un desacuerdo grave, dilo a tiempo, si no es grave toléralo y destruye para siempre tu libreta de cuentas pendientes por cobrar.

Regla número 5: “Jamás herir la relación”

Lo que une a dos personas es la relación que hay en medio de ellas.

Cuando dos personas se pelean, pueden o no, dañar la relación. Si lo hacen, todo se acaba. Por eso un divorcio duele tanto, ninguno de los dos implicados muere; pero muere la relación entre ambos y su muerte es tan dolorosa, como la de un familiar.

En una riña, las personas pueden hablarse con tal franqueza, que se hieran y eso no está tan mal; si alguien me hiere con el filo de la verdad, eso me sirve, es constructivo, tiene solución.

Pero lo que no puede hacerse, es herir la relación. Es muy importante saber diferenciar una cosa de la otra. La relación es algo intocable, es algo que no puede por ningún motivo entrar a la mesa de discusión.

La pareja podrá negociar cualquier cosa, pelear; pero siempre protegiendo bajo una campana de acero blindada su relación.

¿Cómo se hace esto? Evitando actitudes extremas y amenazas terminales.

  • Frases como: Esto se acabó; no te necesito.
  • Te advierto que si salgo por esa puerta, me pierdes para siempre.
  • cambias o te vas a arrepentir.
  • Tú no me conoces de lo que soy capaz eh.
  • Me voy a llevar a los niños y nunca los vas a volver a ver.
  • He comenzado a ver abogados.

Todas esas frases, son como clavar puñales a la relación. También lo son los gritos histéricos, las majaderías, el maltrato físico y otras cosas extremas.

Todos los seres humanos poseemos un arsenal de alto calibre que por ningún motivo debe usarse en contra de nuestros seres queridos, porque son letales para la relación.

Esas armas son: Gritar, golpear, insultar, romper cosas, maldecir, injuriar a los familiares del otro, azotar puertas, empujar, arrojar objetos, irse de la casa, emborracharse, cometer adulterio, o proferir frases terminales.

Cuando a Einsten le preguntaron si existía algún arma para combatir la mortífera bomba atómica, él contestó que sí, que había una muy poderosa e infalible: La Paz. Queda prohibido tener actitudes extremas o amenazas terminales.

Si la persona pierde el control, deberá alejarse por unos minutos o algunas horas si es necesario; Pero nunca realizar escenas que la hagan una persona poco confiable para siempre y que dañe o lastime la relación.

Conclusión

El cariño y la lealtad son conceptos no negociables, por lo tanto toda persona puede evitar  una catástrofe si conoce e implementa a tiempo estas cinco reglas para pelear con sus seres queridos.

La idea es tomarlas en cuenta, ya que muchas veces hacemos cosas que en el momento las vemos muy necesarias pero que causan demasiadas heridas.

Es momento de abordar el tema de manera clara, cuando ocurre un desacuerdo grave entre personas del mismo equipo o de la misma familia, se desata una crisis.

Tomado de la conferencia: ¿Cómo pelear con tus seres queridos?

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